jueves

El aburrimiento en clases de Lengua.

El silencio lo cubría todo, ese maldito silencio que Martina detestaba, ese silencio que le recordaba que estaba completamente sola en un sitio desconocido y sin una aparente evasión de esa realidad que no paraba de hacerla sufrir; todo le hacía sentir que no pertenecía a donde estaba... en un país minúsculo y para ella inexistente, pues sólo había salido de casa una vez y sólo para ir a descubrir lo que le hundiría totalmente sus ánimos, la única vez que salió fue para ir a recoger a su prometido Dylan al aeropuerto ya que por motivos de trabajo tuvo que llegar un día después de ella, pero el avión que lo transportaba nunca llegó, se cayó en picado al mar y se lo tragó el agua. Y esa noticia fue la causante de que Martina perdiera cualquier atisbo de esperanza y se encerró en casa durante 3 semanas sin parar de llorar, estaba completamente sin ánimos y se encontraba en el que ahora le parecía un estúpido país, pero meses antes opinaba que era el más hermoso.

No disponía de ningún conocido con el que compartir un día para poder desahogarse de sus problemas, todos sus amigos estaban en su ciudad natal y ella no podía ir a visitarlos porque ya no tenía donde residir allí, había vendido su piso antes de emprender el vuelo y la casa de sus difuntos padres que desde hace dos meses había sido derrumbada bajo su consentimiento para construir un hospital y sus amigos tampoco podían ir a verla por el alto coste del viaje y porque sus trabajos no se lo permitían. Y ella a cada día que pasaba sentía que moría por dentro más y más sin poder hacer nada para evitarlo, ya sólo quería perder la vida también para reunirse con su prometido y sus padres, pero existía un gran motivo por el cuál no abandonar la vida, un gran motivo que residía en su propia existencia y que dependía de ella completamente, y es que Martina estaba embarazada, tenía una pequeña vida en su interior, una vida que también pertenecía a Dylan, por eso no podía desprenderse de ese pequeño ser que crecía en ella, pues era la única unión que le quedaba de su amado.
El pequeño llevaba ya seis meses en el cuerpo de su madre y ambos padres estaban ansiosos por verlo nacer y crecer, pero ahora sólo quedaba Martina para proporcionarle una buena vida al pequeño que un mes antes habían decidido llamar Bruno.
Martina no podía dejar que esa parte de Dylan que tenía Bruno se fuese también. Y con ese pensamiento en mente, después de 3 semanas refugiada en su casa decide salir y vivir , por el bien de Bruno debe ser fuerte.

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